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viernes, 29 de abril de 2011

Genealogías del Sur: Diana Cabeza,Alejandro Sarmiento y Usos - La Lectura del Objeto (Aquiles Gay Roberto Bulla) - La Evolución Histórica del Diseño (John Hesket)


Apuntes 15-04-11
  • Ready Made
  • Reciclaje
  • Inclusión Social
  • Sociabilidad
  • Arte de Conducta (que mejore su calidad de vida)
  • Echar Raíces

Mate--> Habito de encuentro de Sociabilización
Mínimo de Recursos - Máximo de Dignidad



  1. Diana Cabeza
    -(no objeto) (menos impacto ambiental)
    -Topografía del Lugar
    -Revalorizar Ritos Sociales
    -Objetos Adaptables Flexibles
    -Nidos Urbanos
    -Textura, Piel, Sensibilidad

  2. Alejandro Sarmiento
    -Ecología
    -Sustentabilidad
    -Problema Grandes Ciudades, como productora de grandes volúmenes de basura
  3. Usos
    -Revaloriza Materiales del Lugar
    -Local, al mundo contemporáneo
    -##(Dificil ser profeta en su misma tierra)



    TEXTOS A LEER

    * La lectura del Objeto (Aquiles Gay, Roberto Bulla) . Descarga


    *La evolución Histórica del Diseño (John Heskett) . Descarga

LA LECTURA DEL OBJETO - Análisis del Producto
Aquiles Gay

Vivimos en un mundo más artificial que natural, un mundo en gran parte construido por los seres humanos como respuestas a sus necesidades, deseos, demandas o expectativas; es decir como solución a problemas que han ido surgiendo a lo largo del tiempo, en la búsqueda de mejorar la calidad de vida.

En la búsqueda de solucionar problemas los seres humanos han creado un mundo de objetos que enmarcan las actividades cotidianas y condicionan la forma de pensar y de actuar. Por un momento imaginemos cómo sería nuestro comportamiento sin los productos tecnológicos que forman parte del entorno cotidiano (medios de transporte, de comunicación, etc.).
Vivimos rodeados de objetos, Abraham Moles dice:
"El hombre, de fabricante de útiles se convirtió en consumidor de objetos."
Entendemos por objeto todo elemento material, manipulable u operable, construido por los hombres con una finalidad determinada (utilitaria, estética, simbólica, etc.), es decir hecho para cumplir una función. Los objetos o artefactos son cosas artificiales y no naturales.
Los objetos, además de responder a una función son portadores de una significación y por ende de una información, lo que implica un sistema estructurado de signos.
Podemos decir que todo objeto es un sistema de comunicación, soporte de un mensaje complejo que se puede decodificar y leer.
Si bien los objetos marcan nuestro quehacer cotidiano, en general los utilizamos convencionalmente sin profundizar demasiado sobre su existencia y frente a los mismos en general no nos planteamos interrogantes.
Pero los objetos que nos rodean en general son muy complejos, y para sentirnos más cómodos frente a ellos y poder sacarles el máximo de provecho es fundamental saber cómo son, cómo tratarlos, qué prestaciones podemos obtener, etc. Esto nos puede evitar llegar a sentir una sensación de impotencia frente a nuestro desconocimiento, y como consecuencia de desazón y ansiedad, con las negativas consecuencias anímicas que esto puede acarrear. Si queremos entender el medio en el que desarrollamos nuestras actividades y sentirnos cómodos, tenemos que conocerlo y consecuentemente conocer los objetos que lo integran, lo que implica analizarlos, leer sus mensajes.
Los objetos son comunicadores de mensajes y nos hablan con un lenguaje muy rico, nos informan del nivel tecnológico y cultural de la sociedad que los fabricó, del nivel económico de quienes lo usan, o lo usaban, de su status social. Los objetos son portadores de significados sociales, de una jerarquía de valores tanto sociales como culturales, su mensaje se manifiesta en la forma, el color, los materiales, la terminación, su ubicación espacial, etc.
A través de la "lectura" del mensaje que soportan podemos ir reconstruyendo la historia de la humanidad y de sus necesidades, deseos o demandas, pues satisfacerlas es, como planteo general, el objetivo de la fabricación de objetos.
La adopción del término "lectura" se fundamenta en el hecho de considerar a los objetos como sistemas de signos que soportan un significado que se puede interpretar. Podemos considerar la lectura de un objeto como un acto de interpretación de signos.
Consciente o inconscientemente todo creador imprime en su obra un mensaje; interpretar o leer ese mensaje es un factor importante para poder apreciar la obra en toda su magnitud, ésta puede ser un cuadro, una escultura, un objeto (silla, mueble, automóvil, teléfono, etc.).
Todo producto humano tiene un doble mensaje, por un lado el del lugar y momento histórico de surgimiento del mismo, el llamado "espíritu de la época", y por otro el que consciente o inconscientemente todo autor le imprime a su obra, lo que podemos señalar como la presencia del autor en la obra, o el "espíritu del autor".
La lectura de un objeto nos permite, tanto recabar datos para ubicarlo históricamente, como sacar conclusiones de lo formal, funcional, estructural, científico-tecnológico, etc. Estas conclusiones son de gran importancia cuando, frente a un elenco de objetos, se debe efectuar una selección. (Pensemos las veces que nos enfrentamos a la elección de un objeto, y en muchos casos la ausencia de parámetros que nos permitan actuar racionalmente.)
El paralelismo entre lo lingüístico (significante y significado; denotación y connotación; etc.) y el mundo de los objetos puede ser de gran utilidad para elaborar hipótesis de análisis. Los valores perceptuales del objeto (lo denotativo) posibilitan inferir (connotar) una multiplicidad de datos respecto de su función, del ámbito sociocultural en que apareció, de las pautas tecnológicas que lo hicieron posible, etc. Es en lo connotativo donde están subyacentes los condicionantes socioculturales que enmarcaron el nacimiento del objeto.
Leer un objeto es un proceso por el cual se busca develar los principios que lo generaron y estructuraron, es recorrer un camino que partiendo del producto se llega a determinar la necesidad que satisface y al marco referencial de esa necesidad, este camino es inverso al del diseño del producto, en el que partiendo de la necesidad se orienta a la búsqueda del producto que la satisface. En la lectura se parte de una materialidad con el fin de abstraer una conceptualización. En el diseño se parte de una conceptualización con el fin de estructurar una materialidad.
El camino que planteamos en el análisis o lectura del objeto es, de lo perceptual e intuitivo a lo conceptual. Consideramos que hay una primera etapa que abarca la toma de conciencia de todas las vivencias del observador frente al objeto, y una segunda en la que se conceptualizan los vínculos con el medio; es decir que, como planteo general, se va de lo personal a lo social.
Con la lectura buscamos determinar los aspectos morfológicos, funcionales, estructurales, de funcionamiento, científico-tecnológicos, económicos, históricos, así como otros valores que posibilitarán relacionarlo con su entorno y vincularlo con la estructura sociocultural.
Las diversas etapas de la lectura o análisis surgen como respuesta a interrogantes que normalmente un observador crítico esbozaría frente a un objeto. Nosotros planteamos los siguientes, sin descartar que podrían haber otros:
¿Qué forma tiene? – ¿Qué función cumple? – ¿Cuáles son sus elementos y cómo se relacionan? – ¿Cómo funciona? – ¿Cómo está hecho y de qué material? – ¿Qué conocimientos científicos y tecnológicos están presentes? – ¿Qué valor tiene? – ¿Cómo está relacionado con su entorno? – ¿Cómo está vinculado a la estructura sociocultural, a las demandas sociales y a lo histórico?
Frente a estos interrogantes u otros, y como búsqueda de respuesta, surgen las diferentes etapas del análisis o lectura del objeto.





¿QUÉ FORMA TIENE?
ANÁLISIS MORFOLÓGICO
Todo objeto, como hecho material, tiene una forma que se aprehende perceptualmente y normalmente permite su identificación. El observador estructura la imagen de la forma de manera instantánea en base a los impulsos que recibe y que impactan sus órganos sensoriales.
La forma es una totalidad y de los diversos pasos de la lectura de un objeto la percepción de la forma es, normalmente, el único que el gran público lleva a cabo en forma intuitiva.
De la percepción de la forma se pasa al análisis de la forma. Se observa al objeto desde distintos ángulos y se analizan los aspectos morfológicos, indagando las analogías con otras formas y estableciendo escalas. Se analiza tanto lo visual como lo táctil, lo sinestésico, evaluando las contradicciones que eventualmente puedan surgir.
En esta etapa se busca distinguir, desde un punto de vista morfológico, las partes significativas, señalando sus relaciones y en lo posible asociándolas a formas básicas elementales [por ejemplo: cuerpo cilíndrico unido mediante un elemento troncocónico a ........; o cuerpo piramidal de cantos redondeados (agudos) ........; mango plano (o cilíndrico) unido a ......; etc.]; por otra parte, cuando hay un módulo se debe señalar su existencia, y también si la estructura es autoportante o si hay un bastidor y un revestimiento (piel o carcaza).
Es interesante recordar que las características morfológicas son, en gran parte, consecuencia de aspectos funcionales, estructurales y constructivos.
El registro de los resultados obtenidos puede involucrar a los sistemas de representación (dibujos, croquis, proyecciones, perspectivas, etc., eventualmente también maquetas).


¿QUÉ FUNCIÓN CUMPLE?
ANÁLISIS FUNCIONAL
El análisis funcional está centrado en la función que cumple el objeto (no debe confundirse análisis funcional con análisis de funcionamiento). Se llama función la manera en que el objeto cumple el propósito para el cual fue concebido y construido. El concepto de función es polisémico, pudiéndose hablar de función utilitaria, estética, de significación (asociada al valor de signo: connotador de status, definidor de gustos, de actitud frente a la vida, etc.), de culto, de esparcimiento, etc.
La función y la forma son dos cualidades de un producto íntimamente vinculadas, podemos decir que en general la forma denota la función.
Se incluye en este análisis lo operativo, el reconocimiento de su modo de uso, de su ergonomía y de su relación con el usuario, con el entorno, etc. Se analizará la secuencia de las manipulaciones a efectuar con el objeto conforme a la misión para la que fue proyectado.
Es interesante analizar en esta etapa el criterio de confort. El nivel de confort visual puede ser disímil al que se manifiesta en el plano operativo y esto influye en el grado de aceptación o de rechazo de un objeto. El criterio de confort está íntimamente relacionado con la escala de valores culturales vigentes.


¿CUÁLES SON SUS ELEMENTOS Y CÓMO SE RELACIONAN?
ANÁLISIS ESTRUCTURAL
En esta etapa se plantea un reconocimiento de la estructura del objeto (modo en que están dispuestas las partes) y de ser necesario, un despiece del mismo, la confección de un listado de componentes, el análisis de éstos, la determinación de la misión de cada uno y las relaciones entre ellos. Si el objeto es complejo eventualmente conviene ampliar el material gráfico con nuevas plantas, cortes y vistas.


¿CÓMO FUNCIONA?
ANÁLISIS DE FUNCIONAMIENTO
Con este análisis se busca determinar los principios de funcionamiento, la explicación de cómo funciona, el tipo de energía y el consumo que requiere su operación, el costo operativo, el rendimiento del producto, etc.
Teniendo en cuenta la relación que existe entre estructura y funcionamiento se puede plantear globalmente el "Análisis estructural y de funcionamiento" partiendo de establecer la relación entre la estructura y el funcionamiento del producto, es decir de identificar cómo cada uno de los elementos contribuye al funcionamiento del producto y, a su vez, la explicación de la función y los principios de funcionamiento de cada elemento y cómo contribuye cada uno de ellos al del conjunto.


¿CÓMO ESTÁ HECHO Y DE QUÉ MATERIAL?
ANÁLISIS TÉCNICO-CONSTRUCTIVO
Este análisis abarca, entre otras cosas, los materiales, los procesos de fabricación, las herramientas y las técnicas empleadas para su producción. Se busca establecer una correspondencia entre las posibilidades que ofrece el material y los requerimientos vinculados a la utilización del producto.


¿QUÉ CONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS Y TECNOLÓGICOS ESTÁN PRESENTES?
ANÁLISIS CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO
En esta etapa se mencionarán los conocimientos científicos y tecnológicos presentes en el objeto, posiblemente algunos estén planteados en forma implícita en las etapas anteriores, pero lo que se pretende aquí es señalarlos en forma explícita, lo que abre la oportunidad de profundizar su estudio.
En otras palabras, se busca explicitar los conocimientos que participaron en la concepción y el diseño del producto, y en la elección de los materiales y de los procesos de fabricación. El análisis de lo relevado permitirá determinar los requerimientos que condi-cionaron la elección de los materiales.


¿QUÉ VALOR TIENE?
ANÁLISIS ECONÓMICO
Consiste en establecer las relaciones entre el costo o el precio de un producto y la conveniencia de su adopción. Involucra variables tales como la duración, su costo de operación, las posibilidades y la forma de amortización y las relaciones costo-beneficio para la aplicación en cuestión.
Los análisis desarrollados hasta aquí involucran lo intrínseco del objeto; estos análisis configuran lo que llamaremos la etapa objetual. El próximo paso es vincular el objeto al entorno global, lo que implica, entre otras cosas, analizar todos los objetos vinculables al que es motivo de lectura.


¿EN QUÉ SE DIFERENCIA DE OBJETOS EQUIVALENTES?
ANÁLISIS COMPARATIVO
Se analiza comparativamente el objeto con otros que cumplen la misma función y se busca establecer las diferencias y similitudes.
Se comparará el objeto con otros equivalentes (análisis paradigmático; análisis de una serie de objetos similares), pero que presentan diferencias en lo morfológico o en lo tecnológico, incluyendo los de distintos períodos históricos (por ejemplo, la vela y la lámpara eléctrica). La comparación podrá llevar a un planteo tipológico.


¿CÓMO ESTÁ RELACIONADO CON SU ENTORNO?
ANÁLISIS RELACIONAL
El análisis comprende las relaciones del objeto con su entorno.
Se busca analizar la vinculación del producto con otros, asociados al mismo, o de la misma familia, destinados a satisfacer una función, o un conjunto de necesidades. Por ejemplo: la cuchara permite satisfacer una necesidad (comer); la olla, la sartén, el cuchillo, el tenedor, el plato, etc. permiten satisfacer un conjunto de necesi-dades (cocinar, comer, etc.), o una función (alimentarse).
En el análisis de objetos de una misma familia (análisis sintagmático) deben relevarse las variables que los hacen reconocibles como integrantes de un elenco.
El objeto puede a su vez someterse a un análisis relacional con el entorno y con otras manifestaciones de la producción humana de la época (arte, arquitectura, mobiliario, vestimenta, orfebrería, objetos en general, etc.).


¿CÓMO ESTÁ VINCULADO A LA ESTRUCTURA SOCIOCULTURAL,
A LAS DEMANDAS SOCIALES Y A LO HISTÓRICO?
ANÁLISIS CULTURAL
Los análisis anteriores nos permiten aproximarnos a la razón de ser del objeto, sus orígenes, su evolución histórica y su vinculación con la estructura sociocultural y con las demandas sociales.
Si el objeto pertenece a épocas pasadas es interesante establecer los niveles de obsolescencia, vale decir determinar las variables que conservan su vigencia, o las pautas culturales que han cambiado o desaparecido. Además se deberán tener en cuenta los lenguajes significativos de la época, vinculados a las diversas manifestaciones de la producción humana (arte, arquitectura, ingeniería, ciencia, etc.), así como también los valores institucionalizados jerárquicamente que presidieron las preferencias de la sociedad y se encuentran materializados en los objetos.
Los objetos no responden solamente a los imperativos que consciente y racionalmente debían satisfacer, sino que tienen también una carga expresiva que hemos llamado el "espíritu de la época", y que a través de la lectura del objeto se puede sacar a luz.


*


Como conclusión, planteamos la utilidad de la lectura de objetos en un mundo en el que, por un lado, la presencia de los mismos es muy fuerte y pregnante y por otro la dinámica de la vida nos suele llevar a enfrentar problemas de elección de objetos, para lo cual conviene estar preparados y actuar racionalmente, si queremos eficiencia en los resultados.
Dejamos sentado que muchas veces no es necesario llevar a cabo todas las etapas de la lectura del objeto, sino que solamente se pueden tener en cuenta las más significativas para el caso en cuestión.
Los objetos, que como hemos dicho son respuestas a necesidades, actúan como nexo entre los seres humanos y su entorno (natural, artificial y sociocultural), y podemos decir que son síntesis de sus voluntades.









JOHN HESKETT
La evolución histórica del diseño
John Heskett, El diseño en la vida cotidiana. Barcelona: Gustavo Gili pp. 13-34


A lo largo de la historia de la humanidad ha habido cambio y evolución en muchos
niveles, pero la naturaleza humana se ha mantenido básicamente inalterada.
Somos muy parecidos a las personas que habitaron la antigua China, Sumeria o
Egipto. Nos resulta fácil identificamos con los dilemas humanos representados de
formas tan distintas como la tragedia griega o las sagas nórdicas.
También la capacidad humana de diseñar se ha mantenido constante, pero sus
medios y métodos se han modificado, paralelamente a los cambios tecnológicos,
organizativos y culturales. La conclusión es, entonces, que si bien el diseño es una
capacidad humana única e inalterable, sus manifestaciones han sido muy variadas
en el curso de los tiempos.
Cualquier descripción breve de un espectro de prácticas tan diverso debe ser
inevitablemente un esbozo, de amplios trazos y sin marañas de detalles, que señale
los cambios más importantes que se han producido, a fin de explicar la
complejidad resultante hoy día.
Un problema inicial al ahondar  en los orígenes de la capacidad humana de diseñar
es el de determinar exactamente dónde y cuándo los seres humanos empezaron a
cambiar su entorno en un grado significativo. Esto genera un debate continuo que
cambia con cada gran descubrimiento arqueológico. Con todo, está claro que, en
este proceso, un instrumento crucial ha sido la mano humana, un miembro
particularmente flexible y versátil, capaz de variadas configuraciones y funciones.
Puede empujar, tirar, ejercer considerable fuerza o control sutil; puede coger,
sostener, agarrar, amasar, apretar, golpear, tronchar, hurgar, dar puñetazos,
arañar, acariciar y tantas otras cosas. En sus orígenes, las herramientas eran
indudablemente extensiones de esas funciones de la mano, para aumentar su
poder, delicadeza y sutileza.
En muchas de las antiguas culturas, remontándonos un millón de años, empezaron
a utilizarse los objetos  naturales a modo de herramientas e instrumentos que
complementaran o reforzaran las capacidades de la mano. Por ejemplo, la mano es
capaz de cavar en el suelo y arrancar una raíz comestible, pero un palo o la concha
de una almeja pueden hacer ese mismo trabajo más fácilmente, manteniendo el
esfuerzo, al reducirse el daño en los dedos y las uñas. La tarea es aún más fácil si
se ata la concha con cuero o fibra al extremo de un palo, construyendo así una
sencilla azada. Este instrumento puede utilizarse con mayor eficacia en círculos más
amplios y desde una posición erecta. De un modo similar, podemos ahuecar la
mano para beber agua, pero una concha cóncava adopta la misma forma de
manera constante y más eficaz, y utilizada a modo de cazo, evita que el líquido se
derrame. Incluso en este nivel, el proceso de adaptación implica la capacidad del
cerebro humano para comprender las relaciones entre las formas y las funciones.
Así, el mundo natural ofrecía una gran diversidad de materiales y modelos
preexistentes llenos de potencial de adaptación para resolver los problemas. Sin
embargo, una vez adaptados, se planteaba otro problema: cómo hacer una azada
más duradera, menos frágil y menos susceptible de romperse que una concha
marina. De este modo surgió otra dimensión, más allá de adaptar en forma de
ready-made: transformar los materiales en formas sin precedentes en la
naturaleza.
Otro rasgo de innovación muy temprana fue la adaptación de las técnicas, formas
y criterios a nuevas finalidades y aplicaciones. Un ejemplo de esto se halló en 1993
en el yacimiento arqueológico de Cayonu  —un poblado agrícola prehistórico
situado al sur de Turquía— con el descubrimiento de lo que se considera el resto
textil más antiguo, que data del año 7.000 aC. Se trata de un fragmento de tela de
lino cuya trama es claramente una adaptación de las técnicas de cestería
preexistentes.
Existen otras continuidades evidentes. En muchas ocasiones, las formas naturales
mantenían su condición de modelo ideal para una finalidad particular, aunque
hubieran inspirado artefactos anteriores hechos de metal o arcilla, o a menudo
moldeados con formas idénticas a los modelos que los originaban, como cazos
hechos de metal con la forma de conchas marinas.
Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han creado estereotipos de
formas, conceptos fijos acerca de qué formas son adecuadas para cada finalidad,
en contrapunto con la capacidad humana para la innovación. En efecto, muchas
veces las formas se adaptaban tan estrechamente a las necesidades de las
sociedades que llegaban a entremezclarse con un modo de vida, como un
elemento integrante de sus tradiciones. En circunstancias en que la vida era
precaria y las personas muy vulnerables, la experiencia encarnada y representada
en esas formas no podía abandonarse a la ligera.
Sin embargo, con el tiempo, las formas se fueron adaptando deliberada o
accidentalmente, se refinaron o fueron transformadas por las nuevas posibilidades
tecnológicas, y surgieron nuevos estereotipos que se tomarían como estándar. Y a
su vez, éstos serían adaptados a las circunstancias locales determinadas. Por
ejemplo, al oeste de Groenlandia, cada gran asentamiento esquimal tenía distintas
versiones de los kayaks para navegar.
Subrayar la habilidad manual como rasgo dominante de la artesanía implica
subestimar otros dos factores cruciales en la capacidad humana para transformar
un entorno. Cada uno de ellos representa una posibilidad de superar las
limitaciones humanas innatas. Uno consiste en aprovechar las fuerzas naturales, la
fuerza física superior de los animales y del viento o el agua, para alcanzar un nivel
de potencia por encima del humano, así como seleccionar cepas superiores de
plantas y animales para el cultivo y/o la cría y lograr así mayores beneficios. Esto
supone un proceso de investigación y acumulación de conocimiento y
comprensión que podría aplicarse a los procesos de mejora, en los que la escritura
y la representación visual desempeñaron un papel determinante.
Asociada a esto —y que se revelaría de una gran importancia—está la capacidad
de trascender la experiencia pragmática para llegar al reino de las ideas como
abstracciones, desarrollando las herramientas más allá de sus orígenes naturales y
haciéndolas evolucionar hasta formas completamente nuevas y  exclusivamente
humanas en origen. La abstracción permite separar las capacidades de los
problemas específicos, a fin de generalizarlas y adaptarlas con flexibilidad a otros
problemas.
Tal vez el mayor ejemplo de abstracción sea el lenguaje. Las palabras no tienen
significado innato en sí mismas y son arbitrarias en su aplicación. Por ejemplo, las
palabras  house,  maison,  casa, en inglés, francés y español, designan la misma
realidad física de habitación humana y sólo tienen ese sentido por una aceptación
tácita de su sociedad. La capacidad de abstracción del lenguaje permite sobre todo
acumular, preservar y transmitir a generaciones posteriores ideas, conocimiento,
procesos y valores. También forma parte del conocimiento de cualquier proceso de
creación. En otras palabras, las capacidades mentales y los procesos de
pensamiento —la capacidad de usar "herramientas mentales", que representan y
articulan conceptos de la realidad posible— son esenciales en cualquier proceso
productivo, al igual que las técnicas físicas de la mano y sus herramientas, como un
martillo, un hacha o un cincel.
En el ámbito del diseño, la abstracción también ha llevado a invenciones
puramente culturales, sin referencia en la forma física o las habilidades motoras del
hombre o en la naturaleza. Muchos conceptos de la forma geométrica derivaban
probablemente de la experiencia acumulada en el trabajo práctico, antes de estar
codificado y enriquecido con otras aplicaciones. La evolución de los lanzadores de
arpones, como los bumerán de los aborígenes australianos, representa una
abstracción de este tipo; les confirió mucho más poder y precisión en la caza y
debió de evolucionar en un largo proceso de pruebas y errores. En cambio, la
forma de la rueda no tiene precedente inmediato identificable; los órganos
humanos no pueden rotar sobre su propio eje y en la naturaleza son raros los
casos que podrían servir de ejemplo. Por ello, el concepto de rotación infinita
supone una innovación sin precedentes. En otras palabras, los objetos no son
simples expresiones de una solución a un problema en un momento determinado,
sino que pueden ir mucho más allá. Incluso llegar a encarnar ideas acerca de cómo
vivir la vida en un proceso dinámico de innovación y refinamiento mas allá de las
limitaciones del tiempo y el espacio.
Por lo tanto, ni la mano sola, ni la mano aliada con los demás sentidos humanos
pueden considerarse la fuente de nuestra capacidad de diseñar. La mente, la mano
y los sentidos forman la tríada de poderes mediante los cuales los seres humanos
han afirmado su creciente control sobre el mundo. Desde los orígenes de la vida
humana, la flexibilidad y la adaptación dieron lugar a la proliferación de medios y
fines, gracias a los cuales los individuos y las sociedades han adaptado las formas y
los procesos a necesidades y circunstancias determinadas.
Las primeras sociedades humanas eran nómadas, vivían de la caza y la recolección
y tenían un sistema de vida cambiante en busca de nuevos recursos para
alimentarse; por tanto, la ligereza, la facilidad de transporte y la adaptabilidad eran
criterios fundamentales. Con su transformación en sociedades rurales asentadas y
básicamente agrícolas, surgieron rápidamente otras características y otras
tradiciones formales adecuadas a las nuevas pautas de vida. No obstante, hay que
subrayar que la tradición no era estática, sino que experimentaba constantemente
pequeñas variaciones en función de los pueblos y de sus circunstancias. Aunque las
formas tradicionales recogían la experiencia de los grupos sociales, sus
realizaciones se adaptaban ligeramente para satisfacer las necesidades individuales.
Una guadaña o una silla podían mantener las características básicas aceptadas y, al
mismo tiempo, moldearse en sus detalles según el físico y las proporciones de una
persona determinada. Este principio básico de personalización permitía un flujo
ininterrumpido y creciente de modificaciones que, si por experiencia se
consideraban ventajosas, podían integrarse en la tradición principal.